26 jul 2017

- 15 - MONTONEROS LA SOBERBIA ARMADA












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En los años que siguen a su retorno de Italia y que enmarcan la maduración de su proyecto político, Perón imagina efectivamente la posguerra como primera etapa de una guerra nueva e inédita difícil de reconocer como tal bajo la conceptualización militar en vigor.

Anticipándose en más de quince año a la counterinsurgency del Pentágono estadounidense, denuncia la presencia de un enemigo que, aun siendo externo, no atacará desde fuera sino desde dentro.

Precursor de la “guerra contrarevolucionaria” de los años ’60, Perón descubre al “enemigo interno”, encarnado en el ·camarada Orlov, lanzado a corroer las defensas intestinas de la Nación desde las conducciones sindicales, puestos partidarios y cargos administrativos, en uso de las facilidades operativas que le ofrece la partidocracia liberal.

Esta tesis, esbozada por Perón ante el empresariado en su mensaje de la Bolsa de Comercio, es la misma que, desarrollada en términos más ajustados a oídos militares, aparece expuesta en el documento fundacional del GOU (Grupo Obra de Unificación). {También se le adjudica a la sigla: Grupo de Oficiales Unidos}

Aquí no viene al caso tomar partido en la vieja controversia acerca de si el GOU fue creado por Perón o si este, ajeno a su fundación, lo “copó” en un segundo tiempo.

Lo cierto es que cuando la sociedad secreta entra en operaciones como poder detrás del trono durante el régimen militar implantado el 4 de junio de 1943, lo hace bajo la gravitación hegemónica del hombre que habrá de instalarse en el Departamento de Trabajo.

El documento Nuevas bases para el GOU incluye un inciso cuyo subtítulo; “La defensa contra la política”, es ya de suyo toda una definición del enemigo.

“Las derivaciones de la política moderna”, sostiene, “han traido como consecuencia la necesidad de que los ejércitos lleguen a penetrar, más que la política misma, los designios de los políticos, que ponen en peligro la existencia misma del Estado y del Ejército”.

“Una cosa es hacer política y otra es conocerla para prevenir al Ejército contra los profundos males que ésta puede ocasionar. Tal es la obligación moderna del militar”.

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Aparece prefigurada ya aquí una estrategia de defensa nacional que, en función de un enemigo visto como interno, sólo puede formularse como estrategia de la conducción política del país a partir de una instancia anterior y superior a “los designios de los políticos”.

 Perón, Juan DomingoConducción política. n/d: Fundación Integración Americana, 1995.

La definición e instauración de esta instancia pre y suprapartidista como sujeto último dela conducción política de un país es quizás la nota más distintiva del peronismo, en la medida en que se entienda por peronismo el proyecto de Perón.

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Cuando en los años ’60 la “peronología” se convirtió en la ciencia de moda, todos sus cultores coincidieron en subrayar como uno de los componentes esenciales y definitorios del peronismo su carácter de “movimiento”.

El propio peronismo, en aquellos años, cargaba el acento sobre esa peculiaridad de su propia naturaleza.

El peronismo se reconocía a sí mismo en el “movimiento” como asiento de una identidad política que lo diferenciaba de los partidos, de la “partidocracia liberal”.

El peronismo no rehuía la organización de tipo partidario, pero lo asumía como un mero momento táctico, carente de vida propia y subordinada a la inapelable conducción estratégica del movimiento.

En su variante partidaria, el peronismo de aquellos años celebraba congresos y se sometía a elecciones internas para ajustarse al contexto pluralista del régimen demoliberal, pero no se dejaba consistir en esa mecánica partidaria, encarada como mera formalidad externa que no decidía por sí la política ni la dirección de partido.

El comportamiento político del partido – así como sus cuerpos directivos y sus candidatos, surgidos sólo en apariencia de una mecánica partidaria interna – emanaban verticalmente de una “conducción estratégica” localizada en el movimiento, fuera y por encima de partido.

Pero la verdad es que durante la década peronista concluida con el golpe militar de 1955 no se hablaba tanto del “movimiento”, o se utilizaba el término con una acepción más genérica.

La mistificación movimientista de peronismo, esa sofisticada elaboración del movimiento con sus complicadas articulaciones entre conducción estratégica y comandos tácticos, es e realidad un proceso posterior a setiembre de 1955.

Hasta entonces, la especificidad del peronismo no había radicado en un determinado tipo de partido, ni en un determinado tipo de movimiento sino en un determinado tipo de Estado.

El peronismo, en tanto que proyecto político de Perón, comienza por ser una cierta manera de concebir la naturaleza y función del Estado.

Lo específicamente peronista en el período 1946-1955 es, más allá de partido Peronista y del movimiento peronista, el Estado peronista.

Lo novedoso de Perón es precisamente su concepto del Estado como sujeto último de la vida nacional, como fuente y ejecutor de políticas, estrategias y tácticas específicamente estatales.

En las democracias liberales modernas, el Estado es concebido como una estructura políticamente vacía, carente de vida y orientación propias.

Las políticas que desde él se desarrollan y le dan contenido no son específicas del Estado como tal sino de los partidos que ocasionalmente lo controlan.

El sujeto de la vida política, en las democracias liberales, no tiene su asiento en el Estado sino en los partidos, entendidos por lo menos teóricamente como conductos de una voluntad popular que fija, desde fuera del Estado, la orientación del aparato estatal.

Se trata por antonomasia de una concepción mandataria del Estado.

Esta relación instrumental entre los partidos y el Estado aparece invertida en el proyecto de Perón.

El Estado, aquí, ya no es receptor y vehículo pasivo de una voluntad política que le es esencialmente ajena, sino fuente y sujeto de una voluntad política que le es esencialmente propia y a partir de la cual asume una relación instrumental con el plano de la vida partidaria.

Perón no podía concebir su propio papel al frente del Estado peronista como tributario de un “mandato” o como derivación de una voluntad política anterior a ese Estado e independiente de él.

El poder, en el ámbito Estado peronista, no es una cosa a la que llega una fuerza partidaria preexistente a su ejercicio, sino una instancia absoluta y primigenia.

El ejercicio del poder expresa la autodeterminación activa del Estado y no su sometimiento pasivo a una actividad determinante de fuerzas políticas asentadas en el llano.

Establecido el Estado peronista, de él emana y depende una serie de aparatos paraestatales de control y manipulación de masas, en un tipo de relación cuyo principio activo está arriba y el pasivo abajo.

Arriba se decide y abajo se acata, arriba se da y abajo se agradece, de acuerdo con la concepción mussoliniana que tenía de la masa.

“La masa es mujer”, decía Musolini, “y necesita ser domada”.

En ese contexto, el Partido Peronista - así como la Confederación General del Trabajo, el Partido Peronista Femenino o la Fundación Eva perón – es una secreción del Estado peronista.

Su naturaleza no es la de una organización política que el pueblo se da protagónicamente a sí mismo para conquistar o ejercer el poder del Estado, sino la de una máquina paraestatal generada desde el poder para organizar el pueblo a partir de un primigenio protagonismo estatal.

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Esta caracterización del Estado peronista sin embargo parece contradecir el proceso histórico de su gestación.

La historiografía oficial de peronismo ha consagrado como episodio fundacional de movimiento la jornada de 17 de octubre de 1945 (*), cuya nota de mayor relieve fue precisamente el papel protagónico de la masa.

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 1945


Boudou metió las "patas" en la fuente de Plaza de Mayo
2016

Y esto es incuestionable. Aun despojando ese acontecimiento de sus posteriores sobreagregados mitológicos, no cabe duda de que un gran acto de protagonismo popular, en el que la masa desempeñó un papel activo, central y determinante.

La multitud fue ese día “sujeto” de una voluntad política que decidió el futuro de la historia argentina.

Ese activismo popular halló luego una fórmula de continuidad organizativa y política en el Partido Laborista, que habría de llevar al triunfo la candidatura de Perón en las elecciones del 24 de febrero de 1946.

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El laborismo fue en verdad un fiel reflejo del protagonismo de masa que había entrado en erupción el 17 de octubre.

No era exactamente un partido revolucionario.

Tanto su estatuto como su declaración de principios y sus mismas prácticas apuntaban, más que a un cambio de estructuras, a la institucionalización de aquel activismo popular en una gran democracia de masas.

Se trataba, en otros términos, no de derribar el ordenamiento existente, sino de ampliarlo, de asegurar una masiva y activa participación popular en lo que había sido hasta entonces una suerte de democracia ateniense, restringida a unos pocos.

Este énfasis en el papel protagónico de la masa aparece referido no sólo a la vida político-institucional del país sino también a la organización interna del laborismo.

Era éste, en efecto, un partido típicamente “basista”, cuya elaboración de decisiones pasaba por tumultuosos trámite de asamblea en una proporción mucho mayor que la de cualquier otra agrupación política argentina.

Y como si el laborismo temiera que este activismo de base fuera absorbido por Perón, éste fue postulado como candidato presidencial pero no asumido como líder del partido.

En tal sentido, la única dignidad orgánica que se le reconoció fue la del carné de afiliado número uno.

Todo esto era el exacto reverso del proyecto político que en otras sedes iba exponiendo Perón, quien en verdad sentía repulsión por el basismo laborista y por toda exaltación del pueblo como protagonista político.

Pero el laborismo y el proyecto popular que le dio origen se habían convertido de hecho en la única vía disponible para llegar a las elecciones con alguna perspectiva de éxito y Perón se allanó a recorrerla hasta que su función se agotara.

Ganada las elecciones del 24 de febrero y asumida finalmente la presidencia el 4 de junio, Perón tardó sólo unos pocos días en invertir el esquema político que lo había llevado al poder.

El 13 de junio de 1946 se hizo efectiva la virtual proscripción del laborismo y de todos los demás grupos que lo habían postulado como candidato, al quedar transferidos los bienes, locales y militantes de los mismos a una nueva organización política
– denominada inicialmente Partido Único de la Revolución Nacional y más tarde Partido Peronista – construida verticalmente desde el Estado.

14 de enero 1947: Perón crea el Partido Único de la Revolución y luego ... del triunfo electoral, Perón disolvió los partidos Laborista, Unión Cívica Radical Junta ... 

El “peronismo”, si por tal ha de entenderse la instrumentación práctica del proyecto de Perón, nace de hecho ese 13 de junio de 1946.

Y nace como consagración del Estado en su papel de sujeto político, como negación del basismo laborista y del protagonismo popular.

Nace, en rigor, como el anti – 17 de octubre.

Aquel Partido Peronista se constituye y actúa como una virtual repartición pública dependiente de la presidencia de la Nación, así como la CGT se convierte en una vicaría del Ministerio de Trabajo y Previsión, que llega incluso a redactar los estatutos de las organizaciones sindicales.

La consigna de “imitar a Mussolini en todo menos en sus errores” viene a significar en la práctica rescatar del Estado fascista su papel esencial como organizador, político del pueblo, aunque recurriendo al paraestatalismo en reemplazo de la estatización lisa y llana como fórmula más apropiada para sobrevivir en un contexto internacional signado por la derrota del Eje.

En el ordenamiento político-institucional que surge del proyecto peronista, los partidos perduran en su pluralidad para preservar las formas exteriores de la democracia, pero desplazados hacia la periferia de un sistema cuyo mecanismo central es la concentración sectorial de la población en aparatos controlados por el Estado. (**)

Ya bajo la segunda presidencia de Perón, este papel del Estado se hace más explícito cuando el peronismo deja de ser incluso formalmente la doctrina de un partido – es decir de una “parte” de la sociedad – para convertirse oficialmente en la doctrina del Estado, “Doctrina Nacional”, de enseñanza obligatoria en escuelas y academias militares.

El Partido Peronista pasa inclusive a situarse de este modo en un plano intermedio entre su originaria naturaleza paraestatal y el Estado mismo, al quedar reducido su papel al de un organismo portador y difusor de orientaciones fijadas oficialmente por el Estado como tal.

Durante la década peronista concluida en 1955, pues, queda ya claramente diferenciadas en el ámbito de la “organización política del pueblo” los planos de la “conducción táctica” y la “conducción estratégica” como competencias de dos instancias orgánicamente distinta, con el partido en el primero de ambos papeles y el Estado en el segundo

(*)El 17 de octubre de 1945, una enorme muchedumbre predominante obrera marchó desde los suburbios fabriles de Buenos Aires sobre el centro de la ciudad para reclamar frente a la casa de gobierno la liberación del coronel Perón.

Este había sido arrestado una semana antes y removido de todos los cargos que ocupaba en el régimen del general Edelmiro J. Farrel (la vicepresidencia, el Ministerio de Guerra y la Secretaria de Trabajo y Previsión), en un golpe de palacio promovido por sectores militares adversos a la creciente concentración de poder en manos de Perón y el carácter demagógico que atribuían a su política.

Perón fue efectivamente liberado ese día y llevado a los balcones de la casa de gobierno, desde los cuales dirigió a la multitud lo que puede considerarse el primer discurso de la campaña electoral que habría de llevarlo a la presidencia al año siguiente.

(**)Perón concebía a los partidos políticos como formaciones históricas transitorias y destinadas a desaparecer en contraste con otros modos de agrupamiento como la familia y el sindicato, a los que atribuye la solidez y la permanencia inherentes a toda expresión esencial de la condición humana.

Partidos y sindicatos no son manifestaciones paralelas y recíprocamente compatibles en una sociedad libre, sino momentos casi antagónicos de un proceso que condena a los primeros a ser reemplazados, violenta o paulatinamente, por los segundos.

En este sentido la “comunidad organizada” de Perón encara a los sindicato como componentes esenciales de sí misma, mientras tolera malamente a los partidos como residuos en descomposición de un superado ‘ancien régime’.

“Es indudable que las viejas organizaciones políticas van siendo paulatinamente reemplazadas por las nuevas organizaciones gremiales”, afirma Perón en un discurso pronunciado el 24 de setiembre de 1952, “y éste es un movimiento que el mundo ya no tiene fuerza para detener, porque él ha llegado a ser tan extraordinario en la conciencia de los pueblos, se ha extendido en tal magnitud por el mundo que antes de volver a las antiguas formas ya superadas prefieren ir al comunismo, que es también una triste solución, pero que es la única que les queda a los pueblos que encuentran cerrado el camino de la justicia y de la verdadera libertad”.


“Este es un proceso que está viviendo el mundo, y es una cosa natural. Observen ustedes que la organización política es una organización circunstancial. La organización gremial es una organización casi de derecho natural, como la familia. De manera que eso es lo  permanente. Las otras tienden a ir desapareciendo, y si no, observen ustedes de un siglo a esta parte, en que la predominancia de la organización política era absoluta, hasta nuestros días, donde las organizaciones políticas van siendo cada día menores frente al avance de la organización sindical”.



fuente
"MONTONEROS LA SOBERBIA ARMADA", Capitulos 37, 38 y 39













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Me atrevo a interpelar, por sentirlos muy cercanos, por más que las apariencias parecieran indicar lo contrario; insisto en lo de la cercanía, por que estamos en el mismo bote – que hace agua - , tenemos pesares, angustias y problemas comunes, recién después vienen las diferencias.

La idea es dialogar, hablar de nuestras cosas, hay textos que nos proporcionan la información básica – no única-, solo es una propuesta como para empezar. La continuidad depende de Ustedes, un eventual resultado adicional depende de todos.La idea es hablar desde un “nosotros” y sobre “nuestro futuro” desde la buena fe, los problemas exigen soluciones que requieren racionalidad, honestidad intelectual que jamás puede nacer desde la parcialidad, la mezquindad, la especulación.

Encontraran en “HASTA EL PELO MÁS DELGADO ...”, textos y opiniones sobre una temática variada y sin un orden temporal, es así no por desorganizado, sino por intención – a Ustedes corresponde juzgar el resultado -.Como no he vivido en una capsula, ya peino canas, tengo opiniones y simpatías, pero de ninguna manera significa dogmatismo, parcialidad cerrada.Soy radical (neto sin adiciones de letras ninguna), pero no se preocupen no es contagiosos … creo, solo una opción en el universo de las ideas argentinas. Las referencias al radicalismo están debidamente identificadas, depende de Ustedes si deciden “pizpear” o no.

El acá y ahora, el nosotros y el futuro constituyen la responsabilidad de todos.Hace más de cuatro décadas, en mi lejana secundaria, de una pasadita que nos dieron por Lógica, recuerdo el Principio de Identidad, era más o menos así: “Si 'A' no es 'A', no es 'A' ni es nada”, por esos años me pareció una reverenda huevada, hoy lo tomo con mucho más respeto y consideración. Variaciones de los mismo: no existe un ligero embarazo; no se puede ser buena gente los días pares.

Llegando al Bicentenario – y aunque se me tildé de negativo- siento que como pueblo, desde 1810, hemos estado paveando … a vos ¿qué te parece?. En algún momento perdimos el rumbo y ahí andamos “como pan que no se vende. Cuentan que don Ángel Vicente Peñaloza decía: “Como ei de andar, en Chile y di a pie, cuando hay de que no hay cunque, cuando hay cunque no hay deque”.

De tanto mirarnos el, ombligo y su pelusa, tenemos un cerebro paralitico, cubierto de telarañas y en estado de grave inanición. Padecemos una trágica concurrencia de factores que nos impiden advertir – debidamente -, este, nuestro triste presente y lo que es peor aún, nos va dejando sin futuro.

A los malos, los maulas, los sotretas, los villanos, los mala leche, los h'jo puta, los podemos enfrentar pero … ¿qué hacemos con los indiferentes, con los que solo se meten en sus cosas, y no advierten que el nosotros y el futuro por más que sean plurales son cosas personalisimas? Y luego dicen que quieren a sus hijos y su familia; ¡JA!, ¡doble JA!, ¡triple JA! (il lupo fero).

¡¡EL REY ESTÁ EN PELOTAS!!, dijo el niño de la calle, hijo de padre desconocido y madre ausente, ese niño es mi héroe favorito.

¿QUÉ ES PEOR LA IGNORANCIA O LA INDIFERENCIA?

¡¡NO LO SÉ Y NO ME IMPORTA!!

El impertinente, el preguntón es nuestra esperanza, nuestro “Chapulin Colorado”.

Mis querido “Chichipios” - diría don Tato- no olviden que además de ver el vaso medio vació o medio lleno, hay que saber que contiene – sino que le pregunten a Socrates - ¡Bienvenidos! Adelante. Julio


Mendoza, 11 de noviembre de 2009.