Inmobiliar pondrá en
subasta 15 propiedades incautadas de caso Petroecuador
El Servicio de Gestión Inmobiliaria del Sector Público (Inmobiliar)
rematará, a través de subasta, 15 bienes recuperados producto de la corrupción
del caso
Petroecuador, indicó este martes el secretario Anticorrupción, Iván
Granda, durante una rueda de prensa en donde dio detalles de las
propiedades ubicadas: 7 en Guayas, 4 en Pichincha, 3 en Esmeraldas y una
en Francisco de Orellana que están valuadas en $ 4.467.080,87.
La rueda de prensa fue dada al pie de una de las viviendas recuperadas que
fue de propiedad de Carlos Pareja Yannuzzelli, ubicada en una
urbanización de la vía a Samborondón.
También hay propiedades de Álex Bravo y
otros sentenciados.
Granda señaló que estos valores recuperados se suman a los $ 13,5 millones
del caso Telconet-Topic-Glas-Rivera que ya fueron depositados a la cuenta de
Inmobiliar.
"Son
casas que tienen un valor de casi $ 1,5 millones queserán rematados para el
servicio de los ciudadanos, como lo ha dicho el presidente de la República,destinados al pago de jubilados", mencionó el funcionario, quiene estuvo
acompañado del director general de Inmobiliar, Nicolás Issa Wagner,
quien señaló que iniciará con la primera etapa dentro del proceso para subastar
los bienes, que tiene que ver con la legalización de los mismos que tomaría
unos 60 días. Luego se empezará con la subasta abierta al público.
"Cualquier
ciudadano que esté interesado se puede inscribir y será una subasta ascendente,
es decir, quien ofrezca un mayor valor por estas propiedades será quien las
pueda obtener con lo cual aspiramos a superar la cantidad de $ 5 millones",
sostuvo Issa, quien señaló que la subasta empezará con la publicación, luego la
recepción de ofertas y se fijará la fecha de la subasta.
Por su
parte, Granda señaló que del caso Petroecuador se planteó una reparación de
alrededor de $ 42 millones y que las incautaciones son producto de
sentencias que se establecieron "en el marco de la justicia".
"De
esos $ 42 millones al menos hemos recuperado $ 5 millones con los bienes que
están en Guayaquil, Orellana y Quito", expresó Granda, quien señaló que
los restantes $ 35 millones serán planteados a la comisión de expertos
internacionales para la ubicación de esos dineros a través de las cuentas que
los sentenciados en el caso Petroecuador tuvieran fuera del país.
Granda
adelantó que ya se tienen identificados otros $ 5 millones en cuentas en
Panamá.
"Tenemos que establecer un proceso consular para que esos fondos
sean repatriados", explicó el secretario Anticorrupción.
Odebrecht, Carlos Pólit y
John Pólit, demandados en Estados Unidos
CARLOS PÓLIT FAGGIONI
3 de Junio, 2019
Quito -
La
brasileña Odebrecht S. A., el excontralor Carlos Pólit Faggioni y su hijo John
Christopher Pólit fueron demandados en Miami, EE.UU., por presunto fraude y
colusión en el pago de sobornos a través de cuentas de terceras personas.
Los
demandantes son Mauricio Neme Macchiavello y su empresa Plastiquim S. A., que
se vieron envueltos en Ecuador en el juicio por los pagos de Odebrecht al
entonces contralor y fueron declarados inocentes en enero de 2018.
Según la
demanda presentada a mediados del año pasado, John Christopher Pólit, que era
asesor de inversiones de Merrill Lynch, ofreció a Neme un préstamo de $
700.000, por el cual firmó en Miami una letra de cambio, en mayo de 2014.
El
dinero llegó a la cuenta de la compañía en Panamá.
Poco después, Plastiquim comenzó a pagar el préstamo, según las
instrucciones de John Pólit, a Ventures Overseas LLC, con sede en Delaware, a
la cuenta 1000139207442 del SunTrust Bank.
En el proceso en EE.UU., que ya fue aceptado por el juez en mayo de este
año, Neme demandó también a Ventures Overseas LLC, a Klienfeld Services Limited
y a tres filiales de Odebrecht S. A.
De acuerdo con los documentos, los acusados habrían utilizado la cuenta de
Plastiquim para ocultar el soborno y lavar el dinero como un préstamo legítimo.
Además, el proceso afectó la imagen y el negocio de los demandantes.
Por ello, se enumeran las acusaciones de inducción al fraude y fraude; de
violaciones a la Ley de Chantaje Civil, Influencia y Organizaciones Corruptas,
conocida como RICO y que sirve para combatir el crimen organizado; de colusión
y de mantener prácticas comerciales engañosas.
Odebrecht S. A., la matriz brasileña, respondió a la demanda a fines de
2018, rechazando las acusaciones y solicitando que se deseche.
Entre sus
argumentos aseguró que no ha cometido delitos en Florida, que cada filial se
maneja de manera independiente y que los daños sufridos por Neme se derivan de su
relación con los Pólit.
No mencionó a Kleinfeld, pero insistió en que “ya ha
solucionado este tema de los sobornosy ha pagado su deuda a la sociedad, en la
corte de Nueva York”.
Su filial Odebrecht Global Sourcing Inc., con sede en Florida, también ha
pedido que se rechace la demanda.
Ni los abogados de la empresa ni de los demandantes respondieron a pedidos
de entrevistas.
Por su parte, Fernando Tamayo, del estudio Coffey Burlington, indicó por
correo electrónico que Carlos Pólit y su hijo no han sido notificados.
A mediados de 2016, cuando Pólit
conversó con José Conceiçao Santos, ejecutivo de Odebrecht, en su casa de
Guayaquil, le dijo que parte del dinero recibido había ido a otras
empresas: “Es que mi hijo maneja muchas cuentas de los bancos de clientes”,
develó refiriéndose a John Pólit, quien ya no está registrado como asesor de
Merrill Lynch, desde el 26 de abril de 2018.
VenezuelaABC entra en el
hospital de la muerte en Caracas
Madres de pacientes y médicos denuncian la situación del centro sanitario
en el que han muerto seis niños, cuatro esperando un trasplante
TEXTO Y FOTOS: V. S. DE ABREU
CARACAS
La crisis sanitaria de Venezuela le está arrebatando el
futuro a sus niños.
Con una economía derrumbada durante dos décadas, un
desabastecimiento de medicamentos que supera el 80% y un déficit de 90% en los
hospitales, los pacientes crónicos no tienen más opción que pedir a Dios que
los mantenga con vida.
El Hospital de Niños José Manuel de los Ríos es un reflejo
despiadado de la realidad de Venezuela.
Situado en el norte de Caracas, fue,
desde su fundación en 1937, uno de los centros públicos más importantes del
país y una referencia para el continente por su especialización en el área de
pediatría.
Hoy solo se habla del hospital por su deplorable condición.
Entrar al Hospital de Niños es desnudar la crisis que sufre Venezuela desde
hace más de diez años, pero que en el último lustro se ha acentuado.
La
seguridad del recinto médico es extrema.
Solo ingresan los pacientes
con sus familiares, el personal médico y el administrativo, el resto debe
aguardar en el patio o en lugares adyacentes.
Todo el acceso está
milimétricamente controlado. El centro está blindado.
Al régimen no le
interesaba testigos incómodos de lo que está sucediendo en el J.M. de los Ríos.
Sin embargo, ABC logró acceder a sus instalaciones. Durante tres horas recorrí el centro y
pude comprobar lo devastador de su situación, y hablar con algunas de las
familias que sufren el via crucis de las deficiencias y carencias del hospital.
En él han muerto en las últimas semanas seis niños: cuatro de ellos esperaban
trasplante de médula ósea, y otros dos por falta de respuesta en urgencias para
suministrar medicamentos.
Escucho a doctores y enfermeras.
Conversan entre ellos
sobre la ayuda humanitaria que apenas llega al hospital, de los medicamentos
que faltan y de lo que les han prometido que llegará.
Entre susurros se quejan
y se lamentan.
Tienen miedo de que los escuchen, pero sienten impotencia por lo
que sucede con los niños, «sus niños».
Algunos de ellos han recibido amenazas
por manifestarse contra las muertes de los pequeños pacientes.
Un hospital de 1940
Las causas de las muertes de estos seis niños derivaron de los múltiples
fallos que presenta el J.M de los Ríos. «Fueron las continuas y habituales
deficiencias que hay en el hospital. Trabajar ahora es como hacerlo en 1940 o
1950, porque no tenemos laboratorios, no hay Rayos X, no se pueden hacer
tomografías, ni resonancias. Mucho menos pensar que se encontrarán
medicamentos», cuenta preocupado a ABC un médico del centro sanitario, que pide
no ser identificado por seguridad.
Giovany Figuera, de 6 años; Robert Redondo,
de 7 años; Yeidelberth Requena, de 8 años; y Erik
Altuve, de 11 años, cerraron sus ojos para siempre a finales de mayo.
Sus muertes ocurrieron una tras otra y la noticia causó consternación en toda
la población y trascendió a nivel internacional.
Médicos y familiares aseguran
que estas pérdidas pudieron evitarse y culpan al régimen venezolano por la
indiferencia y la negligencia en los casos.
Todos ellos eran parte de un grupo
de 30 niños que esperaban trasplante de médula ósea.
«Esos niños que murieron tenían grandes posibilidades de recuperarse»,
comenta Ani Camacho, madre de Zabdiel Amaya, un niño de cinco
años que fue diagnosticado con leucemia linfoblástica aguda cuando tenía dos
años de edad.
«Mi hijo es muy pequeño para entender que ellos no estarán más
con nosotros. Nosotros los conocimos y compartimos porque iniciamos este
proceso juntos. Me pregunto si me tocará pronto pasar por lo mismo que esas
madres», agrega afligida.
Ani Camacho, madre de Zabdiel, de cinco años, que tiene leucemia
Zabdiel
es un paciente infantil que ingresa al hospital cada 15 días para recibir
quimioterapia, y cada dos meses acude para una punción lumbar.
Diariamente toma
una pastilla, pero desde su hogar mantiene su lucha contra la muerte.
En 2018
tuvo una recaída extramedular y los médicos informaron que debía ser
trasplantado. Aún espera que eso ocurra.
El
recorrido por el Hospital de Niños y conocer las carencias que sufre es
desolador.
El centro hospitalario ha perdido la capacidad de resolución en
muchas áreas.
La terapia intensiva está a punto de desaparecer.
De once camas,
solo dos están disponibles.
El éxodo de profesionales de la salud
también ha dejado heridas profundas.
Solo cuentan con 90 de las 420 camas de
hospitalización.
De las nueve salas de quirófanos, operan apenas dos; mientras
que de las catorce máquinas para diálisis, solo siete prestan servicio.
Y el
deprimente escenario sigue.
Son pocos los ascensores que funcionan dentro del
hospital, el área de infectología, reinaugurada el año pasado, tiene
filtraciones severas de aguas negras; y podemos leer un letrero escrito a mano,
pegado en la puerta del servicio de Rayos X, que informa que no está
disponible.
A esto se suma la dieta deplorable que se suministra a los
pacientes, restringida a arroz o pasta.
«El
centro pasó de ser un hospital con estructuras y especialidades de tipo cuatro,
según la clasificación internacional, a un hospital de tipo dos», explica a ABC
el doctor y exdirector del J.M. de los Ríos, Huníades Urbina.
Y
seguimos explorando.
El piso tres del edificio de hospitalización tiene zonas
inservibles.
Una de las áreas sufrió un incendio hace cinco años y siguen ahí
los vestigios del desastre.
Otra parte de ese nivel es aún más atroz.
Las salas
que deberían estar habilitadas para los pacientes, solo están ocupadas por los
escombros y la desidia.
Un cementerio de camas clínicas, pasillos espeluznantes,
equipos médicos cubiertos de polvo y puertas rotas no son precisamente un
escenario de una película de terror.
Una de las salas del Hospital de Niños J. M. de los Ríos, en Caracas
Cuestión de fe
Rosa Colina sabe que la acuciante crisis de Venezuela le ha
restado probabilidades para que su hija cumpla su tratamiento.
«Ha sido
bastante difícil porque no solo ha sido ver cómo falla el servicio sanitario
sino que todo nos afecta emocionalmente», afirma la madre de Cristina Zambrano.
Cristina, de 17 años, también es paciente del servicio de
hematología del Hospital J.M. de los Ríos.
Desde que nació padece de talasemia,
y aunque de momento no necesita hacerse quimioterapia, debe tratarse con
quelante para disminuir los niveles de hierro que ella acumula en sus órganos
por ser una paciente politransfundida.
Pero ese medicamento no existe en
Venezuela.
Rosa Colina, con su hija Cristina Zambrano, de 17 años
«Muchas
transfusiones de sangre recargan sus órganos y dejan de funcionar», explica
serena Rosa.
En lo más profundo, ella siente que el mejor tratamiento, casi el
único, para su hija es mantener su fe en Dios.
La otra opción: dejar de
transfundirla, lo que pondría en riesgo la vida de Cristina cuyo estado de
salud está milagrosamente controlado.
Su patología ha causado una desnutrición
moderada, Hepatitis C, y el año pasado sufrió una trombosis que le ha dejado
secuelas para poder caminar.
La joven debe ayudarse con un andador y asiste a
terapia de traumatología en otro hospital porque en el J.M. de los Ríos no hay
personal ni equipos para atenderla.
«A
Cristiina afectó mucho saber que él había muerto y se deprimió -relata Rosa-.
Tiene sueños por cumplir y yo sé que los va a cumplir», dice su madre.
Yeidelberth,
uno de los niños fallecido, y ella eran amigos.
«Le afectó mucho saber que él
había muerto y se deprimió», relata Rosa.
«A veces Cristina pierde las
fuerzas, pero ella sabe que mamá está aquí. Porque ella tiene un futuro
maravilloso que la espera. Tiene sueños por cumplir y yo sé que los va a
cumplir. Yo sé que en unos años nos vamos a reír tanto de la enfermedad como de
esta situación», agrega convencida su madre.
En el
momento de entrevistar a una madre, el equipo de seguridad del J.M. de los Ríos
se percata de mi presencia, y se apresura a expulsarme del centro médico.
Sin
embargo, en un descuido de los agentes, y gracias a la ayuda de varias
personas, escapo por uno de los pasillos.
Para evitar que me identifiquen, me
quito el tapabocas, el jersey y me suelto el pelo.
Agentes de la Guardia
Nacional Bolivariana (GNB) me buscan.
Se ha dado la voz de alarma y la
seguridad se ha reforzado en los pasillos y en el acceso.
A pesar de ello,
logro alcanzar la salida y escapar, con el pulso acelerado, tras pasar tres
horas de terror en un hospital que un día fue uno de los más importantes de
Venezuela y que hoy ya no tiene armas contra la muerte.
Me atrevo a interpelar, por sentirlos muy cercanos, por más que las apariencias parecieran indicar lo contrario; insisto en lo de la cercanía, por que estamos en el mismo bote – que hace agua - , tenemos pesares, angustias y problemas comunes, recién después vienen las diferencias.
La idea es dialogar, hablar de nuestras cosas, hay textos que nos proporcionan la información básica – no única-, solo es una propuesta como para empezar. La continuidad depende de Ustedes, un eventual resultado adicional depende de todos.La idea es hablar desde un “nosotros” y sobre “nuestro futuro” desde la buena fe, los problemas exigen soluciones que requieren racionalidad, honestidad intelectual que jamás puede nacer desde la parcialidad, la mezquindad, la especulación.
Encontraran en “HASTA EL PELO MÁS DELGADO ...”, textos y opiniones sobre una temática variada y sin un orden temporal, es así no por desorganizado, sino por intención – a Ustedes corresponde juzgar el resultado -.Como no he vivido en una capsula, ya peino canas, tengo opiniones y simpatías, pero de ninguna manera significa dogmatismo, parcialidad cerrada.Soy radical (neto sin adiciones de letras ninguna), pero no se preocupen no es contagiosos … creo, solo una opción en el universo de las ideas argentinas. Las referencias al radicalismo están debidamente identificadas, depende de Ustedes si deciden “pizpear” o no.
El acá y ahora, el nosotros y el futuro constituyen la responsabilidad de todos.Hace más de cuatro décadas, en mi lejana secundaria, de una pasadita que nos dieron por Lógica, recuerdo el Principio de Identidad, era más o menos así: “Si 'A' no es 'A', no es 'A' ni es nada”, por esos años me pareció una reverenda huevada, hoy lo tomo con mucho más respeto y consideración. Variaciones de los mismo: no existe un ligero embarazo; no se puede ser buena gente los días pares.
Llegando al Bicentenario – y aunque se me tildé de negativo- siento que como pueblo, desde 1810, hemos estado paveando … a vos ¿qué te parece?. En algún momento perdimos el rumbo y ahí andamos “como pan que no se vende. Cuentan que don Ángel Vicente Peñaloza decía: “Como ei de andar, en Chile y di a pie, cuando hay de que no hay cunque, cuando hay cunque no hay deque”.
De tanto mirarnos el, ombligo y su pelusa, tenemos un cerebro paralitico, cubierto de telarañas y en estado de grave inanición. Padecemos una trágica concurrencia de factores que nos impiden advertir – debidamente -, este, nuestro triste presente y lo que es peor aún, nos va dejando sin futuro.
A los malos, los maulas, los sotretas, los villanos, los mala leche, los h'jo puta, los podemos enfrentar pero … ¿qué hacemos con los indiferentes, con los que solo se meten en sus cosas, y no advierten que el nosotros y el futuro por más que sean plurales son cosas personalisimas? Y luego dicen que quieren a sus hijos y su familia; ¡JA!, ¡doble JA!, ¡triple JA! (il lupo fero).
¡¡EL REY ESTÁ EN PELOTAS!!, dijo el niño de la calle, hijo de padre desconocido y madre ausente, ese niño es mi héroe favorito.
¿QUÉ ES PEOR LA IGNORANCIA O LA INDIFERENCIA?
¡¡NO LO SÉ Y NO ME IMPORTA!!
El impertinente, el preguntón es nuestra esperanza, nuestro “Chapulin Colorado”.
Mis querido “Chichipios” - diría don Tato- no olviden que además de ver el vaso medio vació o medio lleno, hay que saber que contiene – sino que le pregunten a Socrates - ¡Bienvenidos! Adelante. Julio