DE NOSOTRO… DICEN
Argentina, otra vez al borde del incumplimiento de pagos; ahora la pandemia agrava la crisis
El
país ya estaba en camino de incumplir una deuda de 66.000 millones de
dólares, incluso antes de la llegada del coronavirus y de que se
agudizara la recesión.

Credit...Juan Ignacio Roncoroni/EPA vía Shutterstock
Por
BUENOS
AIRES — Dentro de dos semanas, Argentina se verá enfrentada al impago
de los préstamos internacionales.
La posibilidad amenaza con revivir una
reputación de moroso crónico y paria financiero global que podría
acechar a este país latinoamericano durante mucho tiempo después de que
se termine la pandemia del coronavirus.
El
incumplimiento sería la tercera vez en dos décadas que Argentina no ha
podido hacer frente a los pagos de los préstamos luego de haber
acumulado miles de millones de dólares de deuda extranjera en una
espiral cada vez más profunda de mal funcionamiento económico.
Argentina
sería, junto con Líbano, el primer deudor moroso en la conmoción
financiera provocada por el coronavirus
Los
45 millones de argentinos ya estaban padeciendo el tercer año de una
severa crisis cuando azotó el coronavirus, lo que aceleró el rezago
económico debido a la cuarentena que obligó a cerrar muchas empresas y
dejó sin empleo a los trabajadores.
Eso
interfirió de manera repentina con los planes que contemplaba el
gobierno para reestructurar la deuda de 66.000 millones de dólares que
tiene con una serie de acreedores, extranjeros en su mayoría, entre los
que se encuentran algunos bancos de inversión de Wall Street y otros
inversionistas privados de todo el mundo.
Parte de esa deuda es el
vestigio de los préstamos que no se cubrieron debido al incumplimiento
de pago de Argentina en 2001.
El 22 de mayo, el país tiene que realizar un pago de intereses por 500 millones de dólares.
El
gobierno de centro izquierda, electo apenas hace siete meses, dice que
no puede pagar sus obligaciones a los acreedores internacionales en un
momento en que tiene que aumentar su gasto en atención médica y, como
medida de emergencia, proporcionar efectivo a los argentinos, que ya de
por sí estaban encarando una inflación creciente y un aumento de la
pobreza.
Los
acreedores internacionales han rechazado el plan que presentó Argentina
para reestructurar su deuda, el cual no se concretó y tenía como fecha
límite el viernes.
No
hay muchos indicios de que los acreedores y el gobierno vayan a llegar a
un acuerdo pronto.
Si no se logra un acuerdo para obtener una prórroga
después del 22 de mayo y se realizan mayores negociaciones, Argentina
estaría incumpliendo por novena vez en su historia.
“Es
muy difícil pensar cómo se puede llegar a un acuerdo cuando ambas
partes están diciendo que estamos teniendo la posición correcta”, señaló
Jimena Blanco, directora en el continente americano del equipo de
investigación de Verisk Maplecroft, una consultoría de riesgo que ha
señalado que existe un 89 por ciento de probabilidades de que ocurra un
incumplimiento para finales de año.
“Argentina presentó su propuesta y
dijo que es la única propuesta… se toma o se deja”.
El
gobierno del presidente Alberto Fernández, quien tomó posesión en
diciembre, ha dado indicios en los últimos días de que está dispuesto a
hacer algunas concesiones.
Pero el gobierno ha dicho que tiene poco
margen de maniobra, ya que se pronostica una caída de su economía del
6,5 por ciento en el presente año.
La
propuesta del gobierno a sus acreedores contemplaba un periodo de
gracia de tres años para los pagos futuros, una reducción del 5,4 por
ciento en el saldo del préstamo y un recorte del 62 por ciento en los
pagos de intereses.
Ninguno de los tres grupos más grandes de tenedores
de bonos estuvo de acuerdo.
La
crisis más reciente de Argentina surge después de años de intentar
reinsertarse en la economía global luego de la moratoria por
aproximadamente 100.000 millones de dólares de deuda en 2001, lo que
originó uno de los desplomes económicos más grandes en la historia
reciente de Latinoamérica y años de litigio en los tribunales
estadounidenses.
La
historia de cómo Argentina enfrenta una vez más un desastre de este
tipo se debe, en parte, a su éxito para escapar de los incumplimientos
anteriores.
Cuando
el predecesor de Fernández, Mauricio Macri, juró como presidente en
diciembre de 2015, los mercados financieros internacionales comenzaron a
reanimarse respecto de Argentina.
El nuevo gobierno puso en marcha un
ambicioso plan para eliminar los subsidios y otras políticas fiscales
insostenibles implementadas por los dos presidentes que precedieron a
Macri, ambos populistas de izquierda.
La
predecesora inmediata de Macri, Cristina Fernández de Kirchner,
encabezó una furiosa batalla contra los acreedores, a los que ella solía
llamar fondos buitre.
Hoy, ella es la vicepresidenta.
Al
principio de su presidencia, Macri resolvió las batallas legales
pendientes con los acreedores en los tribunales estadounidenses y
comenzó a emitir deuda nuevamente, con tasas de interés atractivas.
De
repente, los inversionistas extranjeros estaban muy interesados.
Pero entonces Argentina se vio afectada por una combinación de choques
económicos que debilitaron su moneda, el peso, haciendo que los pagos de
intereses sobre los bonos fueran más costosos.
Los problemas incluyeron
una recesión en su vecino gigante, Brasil, el aumento de las tasas de
interés en Estados Unidos y una sequía devastadora en 2018.
Todos
los logros que Argentina había alcanzado para reducir la pobreza en la
última década se revirtieron, y Macri pidió un préstamo de 57.000
millones de dólares al Fondo Monetario Internacional.
El sombrío panorama para Argentina se convirtió en una catástrofe cuando se declaró la pandemia del nuevo coronavirus en marzo.
El
20 de marzo, Argentina impuso uno de los confinamientos más estrictos
de Latinoamérica, el cual ha ayudado a mantener relativamente baja la
cifra de fallecimientos por la COVID-19, la enfermedad causada por el
virus.
Pero esas medidas, que incluyeron el cierre de fronteras y la
aplicación estricta de cuarentenas, han abatido a una economía que ya
estaba debilitada.
La penuria la sienten muchos argentinos que esperaban tiempos mejores.
Hernán
Calliari, de 40 años, y su socio comercial, dueños del bar y
restaurante Faraday en el barrio de Palermo, en Buenos Aires, abrieron
en 2017 con confianza, pero luego se vieron en problemas.
A medida que
el valor del peso se redujo y la inflación alcanzó el 50 por ciento
anual, se volvió mucho más difícil que el negocio ganase dinero.
Calliari
dijo que con el confinamiento por la pandemia, ahora apenas está
sobreviviendo de una operación de servicio a domicilio que produce solo
el 15 por ciento de sus ingresos habituales.
“Tenemos
el agua hasta la nariz, intentando no hundirnos”, dijo.
“No puedo
pensar qué va a pasar si se nos viene una ola encima”.
Los economistas afirman que si estuviéramos en una época normal,
Argentina no recibiría mucho apoyo para volver a incumplir, pero,
curiosamente, es posible que la crisis económica general provocada por
el coronavirus le proporcione cierta capacidad de negociación.
Credit...Ronaldo Schemidt/Agence France-Presse — Getty Images
“La
COVID-19 mejora las chances de Argentina tener un acuerdo favorable”,
señaló Miguel Kiguel, un exsecretario de finanzas que dirige la
consultora Econviews.
“Los acreedores están perdiendo plata en todos
lados, y los bonos argentinos están a valores muy bajos, así que hay una
chance de que si Argentina hace una oferta razonable… los acreedores la
agarran”.
Claudio
Loser, exdirector del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo
Monetario Internacional (FMI), admitió que la pandemia podría hacer que
los acreedores no quieran insistir en el cumplimiento de los términos
estrictos de pago.
“Los
acreedores tienen que tener cuidado, por que me parece en estos
momentos no encontrarían la simpatía hacia su causa que encontraron en
el pasado”, comentó.
“Hay una percepción de fuerza mayor que es la
pandemia y, en ese contexto, es mucho más entendible lo que le pasa a la
Argentina”.
En fechas recientes, Ecuador llegó a un acuerdo con los tenedores de bonos para retrasar hasta agosto el pago de intereses de su deuda por 20.000 millones de dólares.
A
principios de la semana pasada, un grupo de 138 economistas, que
incluía a los ganadores del Premio Nobel Joseph Stiglitz y Edmund
Phelps, escribió una carta abierta en apoyo a las iniciativas de Argentina para reestructurar su deuda.
“El
alivio a la deuda es la única forma de combatir la pandemia y de volver
sustentable la economía”, escribieron los economistas.
Sin
embargo, para hacer concesiones significativas, como una moratoria de
tres años en los pagos, los acreedores probablemente querrán ver un plan
detallado de cómo Argentina pretende resucitar el crecimiento
sostenible, dijo Daniel Kerner, director gerente para América Latina del
Grupo Eurasia, una consultora de riesgo político.
Los
argentinos de a pie probablemente no sentirán el inminente impacto de
un incumplimiento.
El país ya está excluído de los mercados
internacionales de capital y los inversionistas se mantienen alejados,
no solo de Argentina sino también de todas las llamadas economías
emergentes.
“Entrar
en default no te afectaría el crédito hoy realmente”, dijo Kiguel.
“Sí
te afectaría mucho cuando la cosa se empiece a dar vuelta”, agregó,
señalando que a Argentina le resultaría difícil obtener nuevas líneas de
crédito o atraer nuevas inversiones.
Para muchos argentinos, la última ola de incertidumbre es parte de un patrón.
Azul
Agulla, de 27 años, trabaja en mercadeo y vive con su novio, Santiago
Dymensztein, un economista de 28 años.
La pareja calculó que sus
salarios han aumentado solo un 2 por ciento ajustados a la inflación en
los últimos dos años, a pesar de varios ascensos.
“Estamos
retrocediendo”, dijo ella.
“Se siente como si todo el tiempo estás
tratando de escapar de un agujero que te tira para abajo”.
Fuente
"THE NEW YORK TIMES", EE.UU., 12.05.2020


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